La primera vez que me decidí a germinar semillas en casa fue un desastre. Las dejé sumergidas completamente en agua y al final eso se parecía más a la “sopa primigenia” con moléculas orgánicas flotando por doquier que a unos germinados rebosantes de vitaminas. Después de este fiasco casi me dejo arrastrar por los cantos de sirena de las germinadoras comercializadas. Logré resistirme atándome con unos grilletes a un pilar de la cocina. Hiuli’scuisine.com
